Preboda de Ángela y Miguel Ángel

Las fotos de la preboda de Ángela y Miguel Ángel las hicimos una luminosa tarde de los primeros días del mes de agosto. Un sábado en la Costa del Sol no es un día demasiado oportuno para gozar de cierta intimidad a la hora de realizar un reportaje fotográfico, pero tuvimos suerte. Los lugares elegidos nos brindaron la oportunidad de gozar de unas horas intensas y divertidas, rodeados de un ambiente bastante apacible. Nuestras primeras fotos fueron tomadas rodeados de las impresionantes luces y colores que nos ofrecían los campos del Mijas Golf y las elegantes urbanizaciones que lo rodean. Aquí pude darme cuenta de que, tras hacer las primeras fotos con la tensión normal de los inicios, la pareja de novios me iba a ofrecer una tarde llena de buenísimas imágenes y momentos entrañables, como así fue. Desde el campo de golf, nos trasladamos a la Reserva del Higuerón, en Fuengirola, donde sus abruptas laderas, convertidas en carreteras, y sus bellos jardines fueron muy oportunos para continuar con la sesión. Incluso nos atrevimos a subir a la terraza del Double Tree by Hilton Hotel Reserva del Higuerón, con su impresionante piscina infinity, sus camas balinesas y una música chill out que nos dejó con ganas de volver, sin cámara y con algo más de dinero en la cartera. Las fotos aquí…. bueno, digamos que hubo ciertos inconvenientes que impidieron que saliesen todo lo bien que nos hubiese gustado a los tres.

Con la luz de la tarde decreciendo paulatinamente, cogimos el coche y nos dirigimos a la Estupa de la Iluminación. Se trata de una estupa budista tibetana, que es la más grande de Europa. Situada en la Sierra de Mijas, ofrece unas fascinantes vistas de la Costa del Sol. No queríamos que se nos hiciese tarde, la playa y el mar nos esperaban. Llegamos hasta la Playa de la Cubana, en Benalmádena, tras descender por unas extensas e interminables escaleras, desde donde pudimos divisar una luz espectacular, ya con los últimos minutos de la tarde. Los mejores para hacer fotos junto al mar.

Estas imágenes fueron testigos de cómo Ángela y Miguel Ángel se habían olvidado de que allí, cerca de ellos, había alguien con una cámara. Se abrazaron, se besaron, se metieron en el agua, jugaron y se rieron. Yo no tuve que decirles nada, me limité a recoger aquellas preciosas instantáneas que la pareja de enamorados me regalaron. Así acabó la tarde, tras cuatro horas muy intensas. Eran las nueve y media. El tiempo justo para que nos reuniésemos con los padres de los novios y culminásemos la jornada cenando en un chiringuito próximo. ¿Hasta qué hora estuvimos allí? No lo recuerdo en estos momentos.

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